Por un instante volví a ver al hombre con el que me había casado.
Aquel que permaneció a mi lado en los momentos más difíciles.
El que soñaba con un futuro juntos y con formar una familia.
Pero la realidad regresó enseguida.
El hombre que tenía frente a mí era el mismo que había elegido a otra mujer mientras nuestra hija ya crecía dentro de mí.
—Me pondré en contacto contigo —dije.
—¿Cuándo? —preguntó.
—Cuando sepa qué es lo mejor para Lily.
Su expresión cambió al escuchar su nombre.
No dijo “nuestra hija”.
Solo repitió:
—Lily.
En ese momento, Noelle regresó con la niña en brazos.
Lily estaba adormilada, apoyando la cabeza sobre su hombro.
Ethan la observó sin poder ocultar lo que sentía.
Jessica también lo notó.
Por primera vez me pregunté cuánto sabía realmente sobre nuestro matrimonio.
Poco después anunciaron que la cena estaba lista.
—Tenemos que irnos —le dije a Noelle.
Ethan intentó detenerme.
—Harper, por favor…
—¿Qué quieres que haga? —respondí.
No encontró ninguna respuesta.
Tomé a Lily en brazos y me dirigí hacia la salida.
Antes de marcharse, Lily se giró y dijo:
—Adiós, Ethan.
El rostro de Ethan perdió todo el color.
No porque ella supiera quién era.
Sino porque para ella no era más que un extraño.
Afuera, la lluvia ya había cesado.
Mientras esperábamos el coche, comenzaron a llegar mensajes de Ethan.
El último contenía una sola pregunta:
«Harper… ¿Lily es mi hija?»
Aquella noche ignoré todas sus llamadas.
Entonces recibí una llamada de Noelle.
—Ethan vino a buscarme —me dijo.
Pero poco después descubrí algo aún más inquietante.
Entre los mensajes había uno que decía:
«Jessica sabía lo del test de embarazo.»
Me quedé inmóvil.
Segundos después llegó otro mensaje desde un número desconocido.
Solo tenía una frase:
«Pregúntale a Ethan por qué Jessica estaba realmente en vuestra casa aquella noche.»